Este nuevo año aprendí:
...que los violentos tienen nombre y apellido...
...que dentro de uno hay algo más que uno...
...que no quisiera morirme sin trascender...
... que los amigos parten a veces sin despedirlos...
... que cada día que se nos regala es un regalo de Dios...
... que en este país LA VIDA NO TIENE PRECIO...
... que cada abrazo que doy me alarga la vida...

Y me adopto

Decidí que la incorporaría de plástico, pero no por ello la considere poca cosa. Lo cierto es que entro a mi vida y acomodo mi sonrisa desde su llegada, pero además la fue incrementando. Es el motivo de alegría desbordante y carcajada permanente cuando me acuerdo.
Estaba un domingo tranquila en casa, esos domingos que cuando Alberto viene y los chicos no están, pasa tranquilo y sin prisa. De repente, mi sensación fue espantosa, con la banana, se fue. ¡Se fue !
Creí que se me había enterrado en la faringe, exigí radiografías, no la encuentro, no la veo, despreocúpese. Saldrá. Pero, la duda ...
Por suerte, buscándola arrodillada frente al inodoro y con un cepillo de dientes en desuso en la mano haciendo de palito buscador, en cinco días, apareció.
Continué por la vida, mostrándola al sonreír despreocupadamente, cuando de repente regresé sola.
Caminaba por la subida de calle Salta, todavía disfrutando el sándwich, cuando me acorde que la había dejado sobre la mesa del bar.
Y pensé, llego y llamo y…
¿Cómo digo? ¿Me la olvidé...?, ¿se me cayó...? ¡Ma sí,la pido y listo! ¡Que la busquen…!
No, mejor no la pido... Pensaba: igual me duro bastante por lo que costó.
Entre carcajada y carcajada llegue a la oficina y de panza en el piso les conté a July y a Lili que estaban allí, ellas lloraban de la risa junto conmigo.
Hasta me caían las lágrimas al explicarlo.
Llamé al bar, y ¡la encontraron!.
La sacaron de la basura y bien lavada, volvió a mi eterna sonrisa.
Con el tiempo..., y cuando lo contábamos como anécdota, hacía que todos se olvidaran por unos minutos del diario pasar y sufrir y nos llenaba el alma de carcajadas.
Después de un tiempo anduve preguntando en casa si alguien la había visto. Las expresiones de asco cuando estaba afuera, eran terribles.
Desapareció.
Pasaron seis u ocho meses, ya me había acostumbrado a vivir sin ella. Sonreía del otro lado. Sentía su ausencia.
Y bueno, pensaba, cumplió su ciclo, ¡por lo que me costó!.
A todo esto consulte por su reemplazo y me dijeron mil quinientos. Y dije ¡por ahora no!
Aprendí a extrañarla y valorarla y por momentos a desearla.
Me fui a verlo a Alberto a Neuquén, unas mini vacaciones, re cansada.
La pase bárbaro, llegó la partida y dentro del portatrajes un número de la tintorería la acompañaba. Me acuerdo como si fuera hoy, el 614. No me pregunten cómo. Ni en qué momento.
Pero estaba.
Intacta. Entera y allí.
Cuando me doy cuenta que la tengo la considero ya que no deja de traerme a la mente una amplia sonrisa y hasta carcajadas de recuerdos.
Realmente
Ella ahabía decidido permanecer.
Ella me había adoptado.

GABY 6/5/2005.
Pequeñas anécdotas de la vida cotidiana.