Este nuevo año aprendí:
...que los violentos tienen nombre y apellido...
...que dentro de uno hay algo más que uno...
...que no quisiera morirme sin trascender...
... que los amigos parten a veces sin despedirlos...
... que cada día que se nos regala es un regalo de Dios...
... que en este país LA VIDA NO TIENE PRECIO...
... que cada abrazo que doy me alarga la vida...

GRIS HIELO


Ya había experimentado un ataque, no hacia mucho tiempo y no sólo se había salvado de su agresor, sino que sobrevivió a la curación. Pero, esta vuelta nada se pudo hacer.

Mi abuela decía, “ cada perro se parece a su dueño”, pero Rodolfo no tenía perro.
Una novia , que lo quería mucho, antes de partir, le regalo una canaria y él la bautizo Malena. Si MALENA !!!, como la del tango, la que canta como ninguna, la de la pena como bandoneón, la que deja el corazón en la canción que interpreta. Era suave, amarilla como todos los de su especie y observada permanentemente por Rodolfo. “Su compañera”.
Contaba …….Que puso un huevo, que lo rompio, que tiene fiebre porque esta decaida, que amarilla naranjosa por el alimento, que casi verde por la lechuga, etc, etc la pobre, reflejaba el hipocondrismo heredado y del cual ni bañandose en el bebedero lograba safar.

La noche anterior , la radio transmitía el pronostico anticipado por el satélite y las predicciones auguraban, un frío polar inigualado en los últimos 50 años.
Lo cierto es , que a pesar de ser invierno , Rodolfo le daba al pincel, en gris, para embellecer los 64 que había cumplido ya sin brillo, habiendo dejado de ser observado por el sexo opuesto, con ojos de gran exponente animal , interpretando hoy, un segundo plano en el zoológico de la vida.
Todo esto también influía en la canaria, que desde el balcón le silbaba un solo aflautado de bandoneón entristecido indicando la decadencia y a pesar de modular el tono, a agudos sorprendentes, no lograba llamar la atención del pintor quien a gris total le daba y le daba sin parar.
Se entusiasmo tanto, que termino la última pared en una segunda mano detallista y cayo dormido en su somier.
No reparó en ella, ni el satélite y sofocado se levantó al amanecer cuando las ráfagas del viento le silbaron una canción desconocida.
Atónito quedo,
cuando se dio cuenta,
que en el balcón,
aun estaba la canaria.
Fiel a su dueño, dura como estaca.
Casi irreconocible. Desteñida. Despeinada.
Pero parada.
Lucía una intención en su semblante, esbozando la última sonrisa del silbido final del violín que fiel , murió.
Soporto bolsa de agua caliente, respiración boca a boca, varios soquetes por muda y golpes a modo de resucitador que ni la conmovieron y lo peor fue el gris similitud que asumió al partir.



Gabriela 2/8/2010