Este nuevo año aprendí:
...que los violentos tienen nombre y apellido...
...que dentro de uno hay algo más que uno...
...que no quisiera morirme sin trascender...
... que los amigos parten a veces sin despedirlos...
... que cada día que se nos regala es un regalo de Dios...
... que en este país LA VIDA NO TIENE PRECIO...
... que cada abrazo que doy me alarga la vida...

El pullover rojo





Antes de mudarme consulte a una amiga parapsicóloga y perdí el papelito donde ella me escribió algo que yo debía tomar en cuenta, para mi nueva vida.

Mi abuela solía contarme cuentos de su pueblo, cuando yo era chica.
A veces transmitían valores morales, éticos o formativos y otras veces uno quedaba suspendido entre la verdad y la mentira.
Lo que decía mi abuela era ”palabra santa”, pero más de una vez yo pensaba esta abuela estará cuerda ¿? Ella decía que había dones que se transmitía por generaciones.
Solía adivinar lo que me pasaba diciéndome “me lo contó un cuervo, uno de esos de la casa del aljibe”.
Yo siempre viví en el Sur pero cuando me jubilé, regresé a mi pueblo, que era el pueblo de mi abuela.
Buscaba regresar al lugar de mis afectos, sentirme mejor, recuperar la memoria y alejar mi soledad . Vendí la casa en donde viví los últimos 40 años y compre otra que me salió muy barata, tipo chorizo con un gran patio interior, con un gran jardín atrás y un aljibe, muy antigua, pero en muy buen estado.
He decidido hacer algunas modificaciones y transformar un pequeño lugar, que esta en un entretecho, en sala de música y lectura pues tiene una amplio ventanal por el que se puede ver la ciudad.
Desde que me mudé, he comenzado a apreciar el sonido de los pájaros del jardín del fondo, y más de una vez me ha parecido escuchar murmullos, como de gente cuchichiando. He ido hasta el fondo, pero no he visto a nadie. Hace días que no los escucho pero como se viene el invierno suelen emigrar.
Desde que llegue aquí, duermo muy profundamente y sueño muchísimo. Estoy reflotando algunas ideas que se me anticiparon y definiendo que voy a hacer de aquí, en más. Preocupada no estoy, por más que mi jubilación sea la mínima, pues uno propone y Dios dispone, según mi creencia.
Con esto de haber regresado al pueblo, empezaron a venir a visitarme viejas amigas, a tomar el té y conversar. Suelo, adivinar lo que les pasa, se los anticipo diciendo lo que decía mi abuela, “me lo contó un cuervo, uno de esos de la casa del aljibe”.
Se ha corrido la voz en el pueblo de lo que me ocurre, pero yo hago caso omiso, ya que esto opera para mí como un divertimento y no deja de ser una cosa gratísima, que todos y cada uno de los habitantes de este lugar pasen a visitarme. ¿ Me pasará lo que decía mi abuela ? En broma he comenzado a cobrar la consulta. Ya casi no siento soledad.
Cómo comenzó el frío ando buscando mi pulóver rojo, el de los bolsillos, pero no lo he encontrado.
Por temporadas suelo volver a escuchar los pájaro del jardín, pero los escucho como si hablaran un idioma inteligible. Con esto del agujero de ozono las estaciones han cambiado y ya no son tan definidas, suele hacer calor y frío en un mismo día. Corrí un baúl antiguo que tengo para trasladarlo al entretecho y caído detrás estaba. Me puse el pullover rojo y cuando metí la mano en el bolsillo encontré un papelito que decía ….“ te lo contaran los cuervos, escúchalos, y la vida te sonreirá…”

Gabriela junio 2010